PREJUICIOS
Y EMOCIONES.
Nuestra sociedad está llena de personas con
prejuicios, todos los tenemos, tanto voluntaria como involuntariamente. Se
trata de una forma de adquirir información de nuestro entorno. Gordon Allport
los definió, en 1979 en su trabajo de The
Nature Prejudice, como “una actitud suspicaz u hostil hacia una
persona que pertenece a un grupo, por el simple hecho de pertenecer a dicho
grupo, y a la que, a partir de esta pertenencia, se le presumen las mismas
cualidades negativas que se adscriben a todo el grupo”. Sin embargo,
los prejuicios no solamente tienen que ser negativos, sino que, a pesar de que
la mayoría de las veces no tienen una buena connotación, también pueden ser
positivos o neutros. Es una manera que tenemos los seres humanos de simplificar
la realidad mediante las generalizaciones. Cuando tenemos un prejuicio hacia
algo, esto se desencadena en un pensamiento y por lo tanto en una emoción, esta
variará en función del significado que demos a las realidades a las que nos
enfrentamos. [1]
SESIÓN DEL VIERNES 1 DE MARZO
Los prejuicios y las emociones han sido el eje
central de la práctica realizada en clase. Tras la realización de un ejercicio
entre dos compañeras donde se veía claramente como transmitimos de forma no
verbal a los demás nuestras emociones, se dio paso a la dinámica que constaba
de tres puntos a trabajar:
1. En primer lugar, de manera individual, se tuvo que
escribir en un papel cuales eran nuestros prejuicios y las emociones y
sentimientos que nos despertaban, rellenando las siguientes plantillas:
PREJUICIOS
|
1. Siento rechazo por…
|
2. Me cuesta aceptar a…
|
3. No tolero a las personas que…
|
EMOCIONES
|
1. Los
sentimientos que me producen son…
|
2. Las emociones que me despiertan son…
|
2.
Tras haber
realizado el ejercicio de manera individual, pusimos nuestros prejuicios en
común con el resto del grupo. Se sacaron las ideas generales respecto a los
prejuicios y las emociones y finalmente el representante de cada grupo
compartió con la clase los resultados alcanzados en el subgrupo.
En
el caso de nuestro grupo, se determinó que había aspectos y prejuicios que
compartíamos y otros que no. Sin embargo tras la puesta en común concluimos que
nos cuesta tolerar, aceptar y sentimos cierto rechazo hacia:
§ Las personas que no valoran al resto y que son
prepotentes o se sienten superiores. Este tipo de persona nos produce rabia,
frustración y cierta impotencia por no poder cambiarlo.
§ Las personas excesivamente negativas, que expresan
sus debilidades de forma violenta. Esto genera irá, desconfianza y cierta
contradicción.
§ Personas que tratan mal a los demás o tratan de
hundirlos. Esto genera rechazo, rabia y frustración.
3.
Por último,
después de haber puesto en común los resultados tanto con el grupo pequeño como
con el grupo grande (el resto de la clase) y haber conocido los prejuicios y
emociones que tienen nuestros compañeros, se propuso un nuevo ejercicio. Este
consistía en buscar la manera de atender a las personas que juzgamos
prejuiciosamente en el caso de que
acudan a pedirnos ayuda.
Buscar la manera de combatir esos sentimientos
Entre la clase se decidió
que existían dos posibilidades a destacar. Por un lado y como mejor modo de
actuar, se habló de la palabra comprensión. Es muy importante tratar de
entender a esas personas hacia las que tenemos el prejuicio, pues no sabemos
sus vivencias ni por qué actúan de esa determinada manera. Nuestra
predisposición ha de ser positiva, hemos de tratar de buscar su lado más humano
y positivo, sus potencialidades. Podemos analizar sus conductas, pero no
podemos generalizar ni juzgarles como persona. De este modo, si nos ponemos en
su lugar o al menos tratamos de comprender porque actúa de esa manera, quizá
podamos tratar mejor con esas personas. Al fin y al cabo todos tenemos nuestras
debilidades.
La
otra opción, como trabajadores/as sociales, era rechazar directamente el caso (plan
B). Hay situaciones a las que, por nuestras creencias o valores morales, no
somos capaces de enfrentarnos o simplemente no queremos hacerlo. Esto puede
ser debido a que es algo que vemos como una amenaza, no tenemos porque aceparlo
todo, al fin y al cabo somos seres humanos. A decir verdad, sería más adecuado
que se encargara del caso otra persona más cualificada o preparada para
enfrentarse a esa determinada situación, ya que nosotros, si no ponemos de
nuestra parte, no realizaremos bien nuestro trabajo.
A
pesar de que existan estas dos posibilidades, a no ser que se trate de un caso
muy extremo al que no podamos hacer frente, creemos que es realmente importante
tratar de entender a las personas, pues siempre hay unas causas de nuestros
actos, pensamientos, creencias, valores… Y si tratamos de entenderlo, quizá no
solo podamos ayudar sino que podremos crecer también como personas.
Conclusión
La realización de esta práctica nos ha permitido
darnos cuenta de que todo el mundo, sin excepción, tiene prejuicios. Además nos
ha dado la oportunidad de hablar de ellos como un tema natural, conversar con
nuestros compañeros sobre nuestros prejuicios es beneficioso ya que el primer
paso para poder acabar con ellos o cambiarlos es aceptarlos. Por otra parte la
realización de una puesta en común y la visión de las diferentes opiniones de
las personas pueden hacer que nuestro punto de vista cambie. En definitiva, no
podemos decir que tener prejuicios sea malo o perjudicial, en sí mismo, ya que
es inevitable, no obstante si no se reconocen o se tratan de corregir se corre
el peligro de que puedan convertirse en un rasgo inherente de nuestra personalidad.
[1] DEL OLMO, M.
Prejuicios y estereotipos : un replanteamiento de su uso y utilidad como
mecanismos sociales. XXI: Revista de Educación,
Norteamérica, 7, ene. 2011. Disponible en: http://dialnet.unirioja.es/ Fecha de
acceso: 02 mar. 2013.
GRACIAS POR VUESTRO INTERÉS.

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