miércoles, 6 de marzo de 2013

PRÁCTICA 2- 1/03/2013

PREJUICIOS Y EMOCIONES.


Nuestra sociedad está llena de personas con prejuicios, todos los tenemos, tanto voluntaria como involuntariamente. Se trata de una forma de adquirir información de nuestro entorno. Gordon Allport los definió, en 1979 en su trabajo de The Nature Prejudice, como “una actitud suspicaz u hostil hacia una persona que pertenece a un grupo, por el simple hecho de pertenecer a dicho grupo, y a la que, a partir de esta pertenencia, se le presumen las mismas cualidades negativas que se adscriben a todo el grupo”. Sin embargo, los prejuicios no solamente tienen que ser negativos, sino que, a pesar de que la mayoría de las veces no tienen una buena connotación, también pueden ser positivos o neutros. Es una manera que tenemos los seres humanos de simplificar la realidad mediante las generalizaciones. Cuando tenemos un prejuicio hacia algo, esto se desencadena en un pensamiento y por lo tanto en una emoción, esta variará en función del significado que demos a las realidades a las que nos enfrentamos. [1]

SESIÓN DEL VIERNES 1 DE MARZO

Los prejuicios y las emociones han sido el eje central de la práctica realizada en clase. Tras la realización de un ejercicio entre dos compañeras donde se veía claramente como transmitimos de forma no verbal a los demás nuestras emociones, se dio paso a la dinámica que constaba de tres puntos a trabajar:

1.       En primer lugar, de manera individual, se tuvo que escribir en un papel cuales eran nuestros prejuicios y las emociones y sentimientos que nos despertaban, rellenando las siguientes plantillas:

PREJUICIOS
1. Siento rechazo por…
2. Me cuesta aceptar a…
3. No tolero a las personas que…
EMOCIONES
1. Los sentimientos que me producen son…
2. Las emociones que me despiertan son…

2.       Tras haber realizado el ejercicio de manera individual, pusimos nuestros prejuicios en común con el resto del grupo. Se sacaron las ideas generales respecto a los prejuicios y las emociones y finalmente el representante de cada grupo compartió con la clase los resultados alcanzados en el subgrupo.
                En el caso de nuestro grupo, se determinó que había aspectos y prejuicios que compartíamos y otros que no. Sin embargo tras la puesta en común concluimos que nos cuesta tolerar, aceptar y sentimos cierto rechazo hacia:

§  Las personas que no valoran al resto y que son prepotentes o se sienten superiores. Este tipo de persona nos produce rabia, frustración y cierta impotencia por no poder cambiarlo.

§  Las personas excesivamente negativas, que expresan sus debilidades de forma violenta. Esto genera irá, desconfianza y cierta contradicción.


§  Personas que tratan mal a los demás o tratan de hundirlos. Esto genera rechazo, rabia y frustración.

3.       Por último, después de haber puesto en común los resultados tanto con el grupo pequeño como con el grupo grande (el resto de la clase) y haber conocido los prejuicios y emociones que tienen nuestros compañeros, se propuso un nuevo ejercicio. Este consistía en buscar la manera de atender a las personas que juzgamos prejuiciosamente  en el caso de que acudan a pedirnos ayuda.

Buscar la manera de combatir esos sentimientos

Entre la clase se decidió que existían dos posibilidades a destacar. Por un lado y como mejor modo de actuar, se habló de la palabra comprensión. Es muy importante tratar de entender a esas personas hacia las que tenemos el prejuicio, pues no sabemos sus vivencias ni por qué actúan de esa determinada manera. Nuestra predisposición ha de ser positiva, hemos de tratar de buscar su lado más humano y positivo, sus potencialidades. Podemos analizar sus conductas, pero no podemos generalizar ni juzgarles como persona. De este modo, si nos ponemos en su lugar o al menos tratamos de comprender porque actúa de esa manera, quizá podamos tratar mejor con esas personas. Al fin y al cabo todos tenemos nuestras debilidades.
      La otra opción, como trabajadores/as sociales, era rechazar directamente el caso (plan B). Hay situaciones a las que, por nuestras creencias o valores morales, no somos capaces de enfrentarnos o simplemente no queremos hacerlo. Esto puede ser debido a que es algo que vemos como una amenaza, no tenemos porque aceparlo todo, al fin y al cabo somos seres humanos. A decir verdad, sería más adecuado que se encargara del caso otra persona más cualificada o preparada para enfrentarse a esa determinada situación, ya que nosotros, si no ponemos de nuestra parte, no realizaremos bien nuestro trabajo.
      A pesar de que existan estas dos posibilidades, a no ser que se trate de un caso muy extremo al que no podamos hacer frente, creemos que es realmente importante tratar de entender a las personas, pues siempre hay unas causas de nuestros actos, pensamientos, creencias, valores… Y si tratamos de entenderlo, quizá no solo podamos ayudar sino que podremos crecer también como personas.

Conclusión

La realización de esta práctica nos ha permitido darnos cuenta de que todo el mundo, sin excepción, tiene prejuicios. Además nos ha dado la oportunidad de hablar de ellos como un tema natural, conversar con nuestros compañeros sobre nuestros prejuicios es beneficioso ya que el primer paso para poder acabar con ellos o cambiarlos es aceptarlos. Por otra parte la realización de una puesta en común y la visión de las diferentes opiniones de las personas pueden hacer que nuestro punto de vista cambie. En definitiva, no podemos decir que tener prejuicios sea malo o perjudicial, en sí mismo, ya que es inevitable, no obstante si no se reconocen o se tratan de corregir se corre el peligro de que puedan convertirse en un rasgo inherente de nuestra personalidad.



[1] DEL OLMO, M. Prejuicios y estereotipos : un replanteamiento de su uso y utilidad como mecanismos sociales. XXI: Revista de Educación, Norteamérica, 7, ene. 2011. Disponible en: http://dialnet.unirioja.es/ Fecha de acceso: 02 mar. 2013.









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